BIENVENIDOS A ELEVAGE Y TURF

martes, 13 de marzo de 2012

UNA BUENA HISTORIA SOBRE UNA GRAN YEGUA


La asociación de Edward Stanley y George Lambton comenzó en el verano de 1893. Se inició con una nota discordante, debido a la intervención sin invitación de Ronnie Moncrieff, quien en las palabras de Edward Stanley, era un “wrong ´un”. Moncrieff, hermano de tres bellezas de la era, Georgina Lady Dudley, Lady Helen Forbes and Lady Mordaunt, escuchó al pasar una conversación entre Edward Stanley y George Lambton acerca del comisionamiento para comprar caballos, y rápidamente fue a Newmarket, donde compró tres yearlings. Procedió a contarle a Edward Stanley que ellos habían sido comprados bajo su patrocinio. La compra fue inmediatamente repudiada, pero de todas formas hubo una tremenda pendencia, en la cual George Lambton se encargó de mediar. El tenía más que bajo respeto por el libertino Moncrieff, a quien describió como “un buen jinete, un espléndido tiro, y un valiente y frío jugador que vive una vida descuidada, muy apresurada y muy buena para durar”.

Una vez que este contratiempo se abatió, el primer caballo que George Lambton compró para Edward Stanley fue Greywell, un viejo castrado que adquirió de su amigo de cacerías y camarada, el Conde Charles Kinsky. Lambton decidió que sería apropiado si Liverpool fuese la vecindad para la carrera inicial de Greywell con los colores de Stanley, y la competencia elegida fue el Liverpool Plate el 20 de julio, el primer día del meeting de verano. Greywell ganó convincentemente para registrar el primer éxito de Lambton para sus nuevos patrones. Esta victoria deleitó al Conde de Derby, un hombre de deliberado y calmo juicio que estaba muy entusiasta en la idea de ver revivida la suerte de los Stanleys en las pistas, aún cuando él no era inclinado a correr hasta que un respetable intervalo de tiempo hubiera transcurrido desde la muerte de su hermano.

La victoria de Greywell y otras menores, alentaron la compra de más plantel. Consecuentemente cuando la nueva temporada abrió la primavera siguiente, el equipo de caballos de Stanley incluía tres elegantemente criados dos-añeros, dos de ellos hijos de ganadores del Derby. Estos potrillos habían sido adquiridos a Sir Daniel Cooper, mientras dos más de año fueron comprados en las ventas de Doncaster en setiembre 1893, uno costando 800 y el otro 480 guineas. Los potrillos comprados a Sir Daniel Cooper se probaron tardíos y lentos de madurar con la edad, y en 1895 George Lambton condujo uno de ellos, Dingle Bay, a la victoria en Stockbridge. A mediados del verano fue decidido comprar más pura-sangres, particularmente potrancas, con la deseada intención de reformar el plantel de Stanley y entonces extender y reconstruir el stud. Un año después Dingle Bay ganó el Ebor Handicap en York para darle a George Lambton su primer ganador importante.

Diez veranos antes la excéntrica Duquesa de Montrose había trasladado sus caballos y los de su esposo desde Bedford Lodge en Newmarket y los llevó al otro lado de Bury Road a los establos que habían sido construidos previamente unos quince años antes por el caballero francés Lefevre. La Duquesa renombró estos establos Sefton Lodge, con el nombre del ganador del Derby de 1878 de su segundo esposo. Ella también compró tierras en ambos lados de Bury Road desde Bedford Lodge hasta el Old Toll Bar, mucha de las cuales habían pertenecido a un ex detective de Scotland Yard que las había transformado en una granja lechera. Después de la partida de la Duquesa, Bedford Lodge se convirtió en una propiedad de Mr. Abington Baird, un libertino conocido como “Squire”, quien dilapidó su gran fortuna antes de su fallecimiento en marzo de 1893. Más adelante en el verano Lord Derby arrendó las tierras a los ejecutores de Baird y George Lambton trasladó sus caballos a estos establos, los cuales fueron considerados más acordes que los de St. Mary´s Square.

Muy pronto después que George Lambton se fue a Bedford Lodge escuchó que la Duquesa de Montrose había anunciado su intención de vender los intereses de su plantel. Ella había agregado que tomaba este paso no sin pena si no fuera por “el pobre Griffiths”, que había sido el mejor de sus encargados de caballerizas. Cuando le fue contado esto a Edward Stanley por George Lambton, le escribió a Griffiths diciéndole que el 16º. Conde de Derby estaba por reiniciar su stud en Knowsley, y le agradaría que se hiciera cargo de el. Griffith aceptó, con el más feliz de los resultados para todo lo concerniente. El pronto revitalizó los paddocks, donde el pasto se había vuelto áspero y lleno de malezas, con el tratamiento con liberales vertidas de sal, limo, calcio y abono básico. Para las primeras tres temporadas, insistió que únicamente deberían ser usados para pastorear ovejas, antes que fuese sembrada cebada y otras semillas de pasturas. Arboles fueron plantados, y nuevos paddocks marcados, en una transformación que tomó casi cinco años, y se tornó en un monumento al empeño de Griffiths. Otra hazaña fue su consejo que la potranca de un año Canterbury Pilgrim debería ser comprada en la subasta de dispersión tras la muerte de la Duquesa de Montrose en 1894. De esta adquisición se cimentó enteramente el suceso del imperio de carreras de Stanley durante la siguiente mitad de siglo.

Cuando Canterbury Pilgrim fue puesta en entrenamiento, fue enseguida criticada por ser muy pequeña, aunque se acordaba en que tenía un buen posterior y lomo. Su pescuezo fue considerado que era muy corto y sus cruces muy bajas. En la primavera de 1895 cuando Edward Stanley fue elegido para el Jockey Club, ella no había hecho nada para redimir su reputación y parecía muy atrasada para concederle una desamparada esperanza que mostrara su habilidad a los dos años de edad. George Lambton atrasó su debut hasta el meeting de St. Leger en Doncaster, donde fue no place en el Champagne Stakes. De todas maneras, su desanimado entrenador fue consolado cuando otro renombrado colega, Robert Peck, le dijo que no se abatiera porque Canterbury Pilgrim parecía ser una potencial stayer, y en su opinión podía probar alta clase. La primavera de 1896 no trajo inmediatamente confirmación al comentario de Peck, porque Canterbury Pilgrim se mostraba quisquillosa en los galopes, su temperamento se deterioró, se transformó en tan malévola como una gata, y en el ejercicio disparaba tanto que era virtualmente imposible de limitarla. Entonces de pronto comenzó a mejorar mucho, y fue decidido darle una chance en The Oaks, donde Thais, del Príncipe de Gales, ganadora de las One Thousand Guineas, era amplia favorita.

En su arribo a Epsom la noche antes de la carrera, Canterbury Pilgrim estaba de un genio atroz, cubierta de sudor de pies a cabeza, y aparentaba no estar en forma para la carrera. Parecía incorrecto correrla, pero a la mañana había recuperado su compostura, y las esperanzas subieron alto en que pudiera lucir la chaquetilla “negra, gorra blanca”, con crédito. Nadie podía pensar que ella tenía chance de batir la potranca real, pero eso hizo ella con decisiva autoridad, ganando por dos cuerpos y medio, aunque había poca duda que si le daba quilos a Thais, las dos potrancas casi se emparejarían. El Príncipe de Gales, escondiendo su desconcierto, fue uno de los primeros en felicitar a George Lambton por entrenar a una ganadora Clásica –pero aprovechó la oportunidad para sugerir que Rickaby en Canterbury Pilgrim había cerrado peligrosamente a la favorita. La historia del turf puede no haber sido el punto más fuerte de los espectadores de las Oaks de aquel día, y muchos de ellos no simpatizarían con el propietario de Canterbury Pilgrim, pero unos pocos discernientes se dieron cuenta que ningún otro hombre que no fuera Lord Derby podía haber tenido la ganadora, ya que su ancestro había ganado la primera Oaks, bautizada en su estado de Epson, en 1779, y un año después había sido uno de los promotores de “Blue Riband of the Turf”.

El triunfo de Canterbury Pilgrim fue el primer suceso clásico para un equino llevando los colores de Stanley en cuarenta y cinco años, y reparó el estado de las finanzas pesadamente dañadas de George Lambton. En esos tiempos estaba quebrado, pero obtuvo 1000 -80 libras de la chance de su potranca, y recibió otras 1000 libras como regalo del encantado Lord Derby.

Canterbury Pilgrim falló en Ascot, largamente debido a las erróneas instrucciones que su entrenador le dio a Rickaby, pero se redimió de esta derrota ganando la Liverpool Summer Cup. George Lambton, quien aún sufría dolor por una caída de un caballo en Sandown, era aquejado por una espalda inflamada y dejó el entrenamiento por unas pocas semanas en esos momentos, y partió a Italia para recuperar su salud. A su retorno, ensilló a Canterbury Pilgrim para ganar el Park Hill Stakes en Doncaster después que fuera decidido que era poco inteligente enfrentar en el St. Leger a Persimmon, el campeón del Príncipe de Gales. No place en el Cambridgeshire, como lo fueron Thais del Príncipe y Sir Visto, el ganador del Derby de 1895 de Lord Roseberry, ella terminó la temporada con una alta nota ganando la Jockey Club Cup.

Lord Derby ofreció a George Lambton la decisión final sobre hasta cuando Canterbury Pilgrim debía ser mantenida en entrenamiento con cuatro años, y después de una larga y fundada deliberación decidió que debía ser retirada y enviada al stud a Knowsley. Durante los siguientes veinte años, ella se ganó la reputación de ser una de las matriarcas más influyentes de la historia del Turf del siglo veinte, aún cuando había sido excitable e irritable mientras estaba en entrenamiento. John Griffiths una vez llevó a su hijo Walter a inspeccionar a Canterbury Pilgrim y le dijo: “Mi niño, ten esta madre en tu ojo, y no vas a estar equivocado”. Aún con su mal temperamento ella fue extremadamente valiente y tan dura como el mejor acero. Antes de su muerte produjo siete ganadores incluyendo a Swynford, que se convirtió en el padre de Sansovino y Blandford, y Chaucer, que produjo a los ganadores de las One Thousands Guineas Canyon y Pillion, y que se volvió reconocido como un sobresaliente abuelo materno. Cuando sus hijas fueron cruzadas con Phalaris el resultado fue inmensamente exitoso, dando origen a las carreras de Fairway, Colorado, Pharos, Pharamond y Sickle.

Extractado y traducido del libro A CLASSIC CONNECTION de Michael Seth-Smith por Fernando Martínez para Elevage y Turf

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